Cuando un poeta llega a dar su vida en las luchas políticas, la inmediata posteridad suele explicablemente dramatizar el holocausto, poniendo el acento en la zona más grave y riesgosa de su compromiso, y a veces (pero no siempre) en el nivel más profundo de su indagación artística. Roque en cambio elabora poéticamente el humor; lo convierte en poesía antes de soltarlo sobre la página. Desde su primer libro, La ventana en el rostro, habla de "los pobres locos que hasta la risa confundimos / y a quienes la alegría se de lágrimas". Y allí también admite: "Está uno y su cara. Uno y su cara / de santón farsante". Este poeta, que en el trato personal era un fabuloso narrador de chistes (los coleccionaba, casi como un filatélico), nunca llevó a su poesía la broma en bruto, sino la metáfora humorística, que por cierto no siempre era sencilla o fácilmente asimilable, ya que por lo común estaba rodeada de resonancias culturales.
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